Mi querida y Respetada Vida, como está usted?.... me alegra que se encuentre bien, he por ahí sabido que ha sido muy bien vivida y que ha ido por ahí de puerto en puerto, de bar en bar y de trago en trago con esa amiga suya, aquella delgada, alta y pálida.... no entiendo esa amistad entre ustedes dos si son tan diferentes a simple vista.

Pero bueno, le escribo para contarle como me ha ido a mi, me ha ido muy bien, con algunos problemillas por ahí pero nada de que preocuparse, de salud he estado bien y pues por ahora no he inquietado a su amiga la que viste de negro. No he saltado grandes alturas, no he corrido grandes premios, es más no he apostado un centavo de mi miserable fortuna. Así es muy difícil llamar la atención de aquella que anda pendiente de los errores de los pilotos.
Lo más triste es que si bien no llamo la atención de la temida Muerte, tampoco he llamado su atención señorita Vida, tampoco he tenido grandes visitas ni milagros particulares. Milagros generales si he tenido y de eso no me puedo quejar, aun puedo ver el sol en las mañanas y todavía gozo cuando cae la tarde.

El motivo principal es para dejarle muy claro a usted y si interfiere su amiguita, pues también será con ella la cosa. He tomado una decisión que no tiene marcha atras, he decidido dejar a un lado sus condiciones, siempre me dice que por acá o que por allá. Que haga esto y que intente lo otro, pues no, ya no.

Le cuento, como noticia, que he encontrado alguien con quien pasar mi tiempo, así como la Vida pasa tanto tiempo con la Muerte y nadie les dice nada, yo encontré el brillo de unos ojos por los que vale la pena escribirle una carta a usted. Ese brillo, esos ojos me recuerdan en que lugar abandoné el olvido, me hacen sentir lleno el corazón. Esos ojos pertenecen a una mujer, una mujer que adoro con el alma, una mujer que nació lejos de acá pero que en mi alma es ama y señora como cuando una montaña ha nacido hace muchos años en un lugar.

Por el motivo del brillo aquel que le he nombrado, mi querida Vida, le cuento que quiero gozar cada uno de los momentos junto a ella y por favor digale a su amiguita que ni se le ocurra acercarsele a la mujer que me roba los suspiros porque me inventaré la forma de acabar con la Muerte si la veo asechando por ahí cerca. Yo se que a la final son muy amigas porque ella le quita trabajo a usted y le da tiempo para el ocio. Con razón la muerte es tan ociosa, se la pasa con usted de arriba para abajo derrochando una fortuna de años haciendo nada, porque eso si, todo nos toca hacerlo a nosotros. ¿Cuando se ha dicho que la Vida ha hecho algo? Nunca, todo lo que se hace en este mundo lo hacemos nosotros, y eso cuando ustedes dejan, porque no hacen pero si quieren no dejan hacer.

Espero esto no suene a amenaza, pero no quiero tener que hacerle daño a su inseparable compañera, porque sé que sería un duro golpe para usted, así es que le pido que a esta mujer que yo amo le de una muy larga vida, que no la molesten usted y su amiga, ni con visitas cortas de esas que enferman ni con ningún tipo de ramo de rosas que usted le pueda hacer llegar. Soy además muy celoso y ella no necesita que usted le ande dando presentes para que ella tenga golpes de suerte. De la fortuna y bienestar de esta mujer también me he encargado yo hablando directamente con el jefe de ustedes dos. Ja! y decían que estaba en los cielos y por allá muy lejano, supieran dónde lo encontré y nos pusimos a hablar y de paso, le pedí el favor que la cuidara y me lo prometió, hasta me invito a tomar algo. Muy buena gente, una personalidad increíble.

Pero bueno, la idea no es hacer alarde de mis influencias sino pedirle el favor que no molesten, sobretodo la pesada esa de su amiguita, a mi niña dueña de unos ojos tan hermosos, que tienen un brillo que resalta tan bien, que hasta usted con tanta experiencia que presume, nunca ha visto.

De antemano muchas gracias por la atención prestada, salude de mi parte a la flaca.

Sebastian Leyva